Trastorno por déficit de Naturaleza, ¿qué es y cómo afecta a los niños?

Trastorno por déficit de Naturaleza, ¿qué es y cómo afecta a los niños?

 

Cada vez estamos más conectados a la tecnología y más desconectados de la naturaleza. Nuestros hijos no son ajenos a este cambio de vida y muchos de ellos sufren el conocido como trastorno por déficit de Naturaleza, cuya característica más evidente es una inadecuada relación entre nosotros y el entorno. Es una persistente desconexión de la naturaleza y todo lo que el contacto con la naturaleza conlleva: paseos, deporte, evasión, etc.

La naturaleza es necesaria para un adecuado desarrollo de los más pequeños. El medio natural es el entorno donde los niños descubren y exploran libremente sin necesidad de nada más, es algo que no puede ser sustituido por la tecnología por más maravillosa que esta pueda ser.

¿Qué es el trastorno por déficit de Naturaleza?

El catedrático de Psicología Ambiental de la UAM, José Antonio Corraliza, asegura que “el Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN) forma parte de un conjunto de problemas que, genéricamente, se denominan enfermedades psicoterráticas, que son trastornos que tienen su origen en una deficitaria o patológica relación con el entorno en el que vivimos”

Y propone recuperar esa memoria naturalista perdida. “Lo verde no es una moda, sino una necesidad fruto de la nostalgia, ya que el agua, los animales y la vegetación forman parte del ecosistema donde hemos tenido éxito evolutivo como especie. En las ciudades, en cambio, habitamos desde hace apenas minutos, en comparación con la inmensa historia de la Humanidad. De modo que nuestro sistema nervioso aún no está adaptado a éstas, donde casi no existen elementos naturales, y se sobresatura”.

Es un contacto favorable y necesario, ya que los niños tienen mucho que aprender de ella y les proporciona un entorno propicio para experimentar sensaciones importantes para su desarrollo tanto físico como emocional.

El contacto con la naturaleza hace a los niños más fuertes a la hora de afrontar situaciones de estrés, les aporta autonomía y sensación de libertad, sin olvidar que jugar al aire libre mejora la concentración, la salud cardiovascular y favorece la salud respiratoria, entre otros beneficios. 

Y tu, ¿te pones manos a la obra para que tus hijos amen la naturaleza?

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